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LOS CRISTALES - NI UNA PALABRA MÁS (2021 - 2023)

    Los cristales bajo el peso de las plantas te devuelven al salón y te sacan de la estrella en que andabas acabándote. Nadie y nada más que lo tuyo en la casa. El mundo donde la mujer y el gato hace tiempo (cuánto) no están es un salón de veintisiete metros cuadrados en que dejas caer - sobre la falsa madera de la tarima - lágrimas para que florezca el manzano de las dos mentiras usando tu rostro de abono. Has hecho de tu vida un veneno que inyectas - sin entusiasmo - en todo lo que haces cuando dices y en todo lo que dices cuando haces. Nada digas. No hagas ruido. Recoge. No son horas de hacerse un Eurípides. Evita al público. Escapa del dios en que te has metido. Vuelve a Liliput.

TURNOS - NI UNA PALABRA MÁS (FEBRERO 2023)

    Avispas hacen turnos para salir de mí y volar transformadas en polillas hacia la muerte tras la luz de la resistencia de la trampa que he encendido porque las que ya hay en el cuarto me molestan mientras tecleo que no tengo párpados y que hace frío y que no dejo de ver / contar galgos que cuelgan de las vigas de madera del techo a dos aguas de un sobrao. Y que no escribo si están muertos o cómo. Ni cuántos somos. Todas las cosas de este texto necesitan y morirán por algún tipo de trampa lumínica. Pero en el texto la muerte son dos palabras. Siete letras. Hay experiencia. No hay caso.

LAVONE - NI UNA PALABRA MÁS (2023)

    Es mala hora para estar en esa dársena de Atocha. Camina y mezcla: escucha Pedro Navaja pensando en Héctor Lavone y en una luciérnaga que s ¡MIS MUERTOS, LAVOE: HÉCTOR L - A - V - O - E! Coño, siempre igual: te echabas de comer al lobo Fernis. En mitad del asunto por el que había llegado a este texto, tiene (no es la primera vez) el flash de que su vida podría contenerse en: los errores con que aprendí lo que se me quedó y con los que hice fondo y forma. En todo caso, era tarde (no había gana) para derrumbar un panteón como el que, desde ese error, se había montado hacía años, y por el que pisaba el escalón que siempre quiso en esa pirámide, en esa dirección, a esa altura. La cursiva se endereza cuando siente (vuelve a sentir) que vive en la piel del personaje de Orson Welles en El Extraño. Sigue, bordeando por dentro el amarillo del filo del andén de la vía 6. Es mala hora para eso. Abre cosas y usa algunas de las que hay dentro para recomponerse. No cambia de track ni apaga los AirPods. Se termina de rehacer mientras en su cabeza mezclan su voz infantil cantando: si naciste pa martillo, te van a llegar los clavos / y verás/ ay, ay, ay./ Y verás, con la voz digitalizada de la megafonía de Atocha que anuncia cambio de andén. Aprieta el paso y se aleja de este cuento porque tiene que volver, de inmediato, a casa.