EL MUERTO (CUENTO 2013)



A las 5:55 de la mañana (como siempre) se acercó a la sombra del coche para abrirlo y conducirlo hasta el trabajo de mierda que tenía y que, como siempre, le esperaba al final del jodido scalextric de la M30. Al ir a abrir la puerta, se dio cuenta que, dentro de la sombra cada vez más clara del coche (que ahora parecía una pecera dentro de un cuarto apagado) había alguien. No abrió la puerta. Acercó la cara al cristal de la ventanilla del conductor. Su ventanilla. Golpeo y acerco la cara. Dentro parecía estar sentado un hombre. Alguien era un hombre, y ese hombre estaba muerto. Lo supo enseguida por la posición de la cabeza, echada hacia atrás, con la boca abierta y una expresión en la cara tan vacía como el agujero de la boca abierta sumado a la oscuridad del coche dentro de la oscuridad de las 5:57 de la mañana. Un bulto pesado que a pesar de ello parecía estar hueco debido a la posición antinatural de la cabeza y los agujeros de los ojos y la boca dentro de ella. Se sonrío. Dio la vuelta y echó a andar sin rumbo por la negra ciudad, como hacían el resto de los espíritus, liberados por fin del peso imaginario de sus compromisos, de los madrugones y del tráfico