RELATO PLACENTARIO (CUENTOS CINEMATÓFAGOS, 2016)

A las 3:47 del viernes 25 de julio de 2014, el coso entró y lo recubrió todo, haciendo de mi cuerpo un molde que apenas dejaba unos milímetros de separación entre él y yo, espacio que se llenaba por algo que no he logrado nunca entender pero que es una especie de denso y frío líquido placentario/amniótico y que me deja fuera del contacto físico con las cosas. Desde ese día estoy pero no puedo ni siento en realidad nada como antes. Sólo tengo emociones estéticas. No sé lo que quiero que entiendas con eso, pero es lo que realmente pasa. El coso, tras un par de meses de acoplamiento y lucha por dominio, se pone entonces a vivir mi vida. Y la mejora. Mejora la vida afectiva y sexual de mi mujer y la de M, a la que sigo (sigue) visitando los días en que ir al gimnasio no es ir al gimnasio. Y más: ha conseguido, no ya mejorar mi trabajo: ha conseguido que ya no me dedique a nada más que a escribir y escuchar discos de Nacho Jaula en albornoz y gafas de sol . Cómo? Ahora soy (somos, es) rentista. Tres casas y dos naves comerciales heredadas tras las muertes de mis padres y mi hermano, 8 años menor que yo. Lo de mi mujer ha sido espectacular. Gracias a las mañas del coso, ella es ahora realmente una mujer plena y feliz. Conocer a M y nuestra disciplina fue la llave. Ahora M y yo lo grabamos todo para mi mujer, y ella ahora hay días que no va la escuela oficial de idiomas para certificarse en el B2 de inglés. Al menos, no a la que dice que va.

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UN TITÁNIC (CUENTO CINEMATÓFAGO, 2016)

Oh capitán mi capitán. Dígame. Las ratas ya han abandonado el barco, capitán mi capitán! No todas - usted sigue aquí. Pero yo no soy una rata, capitán mi capitán: yo soy una zarigüeya: además, usted también sigue en este barco. Pero yo soy el capitán de este barco! No. Cómo dice usted, zarigüeya?. Digo que usted no es el capitán de este barco: sólo cree que lo es porque yo le digo todo el rato capitán mi capitán: aquí no hay nadie: sólo usted y yo, capitán mí capitán. Maldita sea, usted es una rata! Sí, es cierto: no soy una zarigüeya: soy una rata. Usted es otra: somos las dos ratas del barco: yo estoy aquí porque usted me trata como si fuese una zarigüeya. Vaya, es usted una persona con objetivos! Sí capitán mí capitán! Eso me gusta en una zarigüeya! Lo sé! Escucha usted a la orquesta? Por supuesto, capitán mi capitán!

CABEZAS 178 (NEVER ENDING BLA, 2016)

cabeza de narciso: un día acabaré colgado de una pregunta 
cabeza deco: ...pregunta, entonces: qué soy yo y qué hacemos aquí?
cabeza de narciso: eso son dos preguntas y sabes de sobra que un día acabaré colgado de una pregunta 
cabeza deco: ...unta, entonces: qué soy yo y qué hacemos aquí? 
cabeza de narciso: un día acabaré colgado de una pregunta 
cabeza deco: ...pregunta, entonces: qué soy yo y qué hacemos aquí? 
cabeza de narciso: eso son dos preguntas y sabes de sobra que un día acabaré colgado de una pregunta 
cabeza deco: ...unta, entonces: qué soy yo y qué hacemos aquí?


ODISESO Y LA SIRENA (TEXTOIMAGEN, 2016)

- No me digas que no me ahogue en un vaso de agua!
- Te ahogas en la idea de un vaso de agua
- No has respondido a mi respuesta!
- Sí

CHISTE KAFKIANO - UN CIRCO (NI UNA PALABRA MÁS, 2012)


Ese funambulista que en mitad del cable se da cuenta que si avanzase y llegase hasta aquel lado, no conseguiría más que una inconfesable desazón por no estar en el lado del que viene y que le provoca un malestar parecido a un agujero succionador. Aunque donde peor se encuentra es en este alambre ligeramente destensado. Claro, que con el compromiso del público ahí delante, a ver quién es el guapo que se baja y dice que él no tiene nada que ver con esto. Que de funambulista nada. Que le trajeron empujando otros dos hasta el circo y que luego todo se lió. 
 

CABEZAS 160 (NEVER ENDING BLA, 2012)


Cabeza de rapsoda: Al final, la memoria, ent'endida como una película de la la vida, es siempre una chanza negra y triste.... es más. ridícula, cruel y exagerada...

Cabeza de lira:....

Cabeza de rapsoda:.... como una mala imitación de El Año Pasado en Marienbad... donde el director (que eres tú) te obliga a ser siempre consciente de....

Cabeza de lira:. ...ridícula, cruel y exagerada...

Cabeza de rapsoda: ...que eres el personaje, el actor y el espectador....

Cabeza de lira: Como la cuenta que nos acaba de poner delante el camarero

Cabeza de rapsoda: ...lo ves? no he dicho el director, ni el productor, ni el maldito guionista

Cabeza de lira: Paga y vámonos

Cabeza de rapsoda: Eh? Sí, sí.... pero date cuenta que a la vez, eres tú el material de la película ¿ent'iendes?

Cabeza de lira: Te pones muy desagradable cuando bebes

Cabeza de rapsoda: ....

Cabeza de lira: Vámonos

Cabeza de rapsoda: Es peor cuando no bebo

Cabeza de lira: Ya, pero ahí no se entera nadie

Cabeza de rapsoda: Nadie no

Cabeza de lira: Yo no

Cabeza de rapsoda: Tú?

MISIMAS DE AMOR ENTRE RAYAS (NI UNA PALABRA MÁS, 2016)

Cuando pasan cosas buenas - que se levante viento baje la temperatura y casi llueva en esta ciudad sita en la ingle del demonio - si tú no estás y por ejemplo pasa - me quedo botella de vino vacía - quiero decir - las ruedas de los coches no dejan de pisar y todo sigue arrostrando a través de las pantallas sin saber si hay o cuándo distingos entre lo que pasa - si es que pasa - fuera o dentro de - bueno - sabes de sobra cómo se escriben estas cosas y desde dónde - bueno - cuándo vuelves y para quién - te quiero pero no termina de ponerse a llover

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S CONTRA EL IMPERIO DEL MAL (NI UNA PALABRA MÁS, 2011)

Maldito sea el infierno que ha tenido que vivir en la oficina hoy. ¿Hoy?, se pregunta S, sin despegar los labios, mientras no para de imaginar filas de panales de abejas ciegas dentro de un enorme mundo hueco y gris. Se sienta a contramano de la dirección del tren, en el único sitio libre. Asientos de plástico gris. Con las gafas de sol puestas a pesar de estar bajo tierra, da una rápida ojeada al vagón, mientras sigue haciendo lista de las infamias y agravios sufridos en la oficina. El vagón va cargado de gente que regresa a casa, si tenemos en cuenta la dirección del tren. Mierda de trabajo y mierda de gente. Desalmados. Espíritus huecos como cántaros. Esclavos.

Mira a la mujer que tiene enfrente, una asistenta que reposa, lacia y medio dormida sobre el plástico del asiento del tren. Cetrina, gorda y cansada, ni le ha mirado ni ha mostrado reacción ante su llegada, por lo que S ha tenido que hacer sus habituales malabares para meter, en el cubo de aire del asiento, su cuerpo, el quitapolvos gris y la maleta. Como siempre, y a pesar del largo invierno en que están, la operación de inserción en el asiento le cuesta un brote de sudor que S siempre relaciona con uno de esos animales anfibios que se arrastran, dejando por la superficie en que lo hacen, el frío enfermo y negro del que han salido. Un sudor que se impregna en su camisa cuando apoya la espalda en el asiento. También se arrastra por el cuello abotonado y cerrado en el nudo Windsord de una corbata gris marengo que, como siempre, cuelga fina y sintética desde que empezó la jornada.

S mira desde el negro de las gafas de sol a la mujer, sin que la expresión de su rostro, ni el cuerpo, den muestras de ello. ¿Qué diferencia habrá entre esta mujer y la de ayer? Sigue creciendo en él la imagen de una laguna de la que salen seres anfibios que se arrastran y que no tienen nada dentro de los ojos. ¿Qué diferencia entre la de ayer y la del día anterior, sentada en frente, en el viaje de vuelta? Todos esclavos. Esclavos que saben que son esclavos, aunque vete tú y pregúntales. Vete tú y arrímales el ascua a la cara. Lo negarán todo y entonces, tú qué harás… ¿y a quién?

La rabia de este último pensamiento le hace chascar la lengua, aunque sólo se da cuenta su paladar. Ni él ni la asistenta se inmutan ante el crujir del sonidito. El tren abandona las luces amarillas de la parada y avanza, aumentando la velocidad, por el túnel. Eso, tú ves, y con la linternita bien pegada a la jeta, pregúntales, anda, como haría un hombre libre. Ya sabes lo que vas a conseguir, porque llevas toda la vida rodeado de esclavos sin entraña ninguna. Esclavos que saben que son esclavos. Esclavos que saben que son esclavos y lo niegan. Esclavos de los que dependes y por los que te juzgarán en común. El pequeño cambio de velocidad agarra a S del estómago con unas manos pequeñas. Lo aprieta ligeramente y lo suelta, poco a poco. El tren se acelera a través de una negritud que está atravesada por la velocidad del pasar de las vigas que sostienen la estructura y el furioso horizontal de cables que siguen el recorrido del túnel.

Aunque el peor de todos eres tú, pequeño demonio oriental. S se centra en el pensamiento aquella carita redonda y servicial que iba a encontrar en la tienda. Mientras lo hace, las pantallas indicadoras del vagón emiten un zumbido azul. Una voz que alguna vez debió ser humana, anuncia lo que todo el mundo sabe que es la parada, pero que no pasa, en realidad, de ser un lamento mecánico e indescifrable, precedido y despedido por la ligera amplificación de la entrada del canal de audio del circuito cerrado de AV del tren. Por debajo de la maleta que tiene sobre las piernas y en la que guarda el portátil y los trastos, la mano izquierda de S busca dentro del bolsillo del pantalón del traje, hasta encontrar con los ojos del tacto lo que sabe que es la doblez de un papel. Con el índice y el pulgar, lo pinza ligeramente. Lo acaricia y presiona con las yemas mientras sigue adelantando mentalmente su victoria. Porque hoy es el día y lo vas a saber, pequeño torturador de ojos rasgados. Hoy se te va a quitar esa sonrisita tan amable por la que resbalo derrotado cada día. Porque he revisado concienzudamente el infierno de pantallas hasta encontrarlo. Y lo he encontrado y hoy, por fin, tendrás que decir que no lo tienes. Con la mano en el bolsillo, la pinza sigue frotando el papel. ¿Me vas a poner esa maldita cara, verdad? ésa en la que no el que te mira no sabe si está mirando una medalla o un mono? Vástago de un dios enano, contrahecho y cruel, hoy se te acaba la suerte y aún no lo sabes.

Desde el asiento de enfrente, la asistenta sudamericana mueve ligeramente la cabeza para conseguir evitar una lista de luz que le ha empezado a cruzar la cara al salir del túnel y comenzar a avanzar el vagón a cielo abierto. Reflejada en los cristales polarizados de las gafas de S, aparece compacta, diminuta y doble. Parece que chupasen de ella desde dentro de cada uno de los cristales. Ella no da muestras de haber visto esa imagen. Sólo ha movido la cabeza, muy despacio, para evitar el sol. Tampoco da muestras de poder escuchar lo que dice para sus adentros S, con los ojos cada vez más llenos de determinación, atroces de victoria tras las gafas. Verás que cara se le queda al hijo del demonio cuando le enseñe. Entraré y recibiré su falso y amable saludo. Buenas, a ti también, alimaña lampiña. Sonreirá y yo también. Me seguirá con la vista, como hace siempre, mientras me adentro en ese lupanar de pasillos. Hará esto mientras no deja de hablar, en ese insoportable idioma suyo, lleno de fonemas estridentes, de metal, a un interlocutor con el que parece hablar eternamente, a través de la pantalla de un portátil abierto sobre el cristal del mostrador. Un interlocutor que le responderá en la misma execrable jerga y al que nunca has podido ver la cara. Todo dentro de la tienda es así, ¿verdad? S había comprobado, a través de sus visitas a la tienda, que una vez se atravesaba la puerta, un intricado sistema de espejos, artículos, cámaras y apariciones de aquel enjuto hijo del Siam, controlaba todas las perspectivas de la tienda. No sólo te veía, había concluido S, sino que te obligaba a ver, y a no ver. Porejemplo las fechas de caducidad y los precios. Por ejemplo los formatos universales para situaciones que no ibas a vivir nunca. Los artículos hipnóticos y horrendos, sirenas y gorgonas de plástico, metalizadas, o aquellos objetos en los que no para de caer agua falsa. Pero ante todo estaba toda esa vida privada de esclavo que salía desde la pantalla siempre abierta y encendida del ordenador, colocada de tal manera sobre el mostrador, que desde el lado del cliente nunca se podía distinguir nada, salvo lo que él sabía que era un cebo para dar lástima de esclavo. Como aquella pantalla, todo estaba falsamente a la vista.

Un destello del sol de invierno que entra por la ventana del tren, parpadea en uno de los cristales de las gafas de S, haciendo que la asistenta frunza el ceño, y arrugue ligeramente la nariz. Gesto que S no percibe, sigue desmadejando su plan definitivo. Me pasearé por los pasillos, dejando que la cámara de cada uno de ellos me grabe con la misma cara de tonto de todos los días. Hasta que, al final, no le quede otra que acercarse, a ver qué tripa se me ha roto. Si no es así, aunque lo dudo, lo que haré será acercarme con mi cara de tonto y preguntarle directamente “perdón amigo ¿es que no tienes de esto?” Hará memoria de todo el inventario en su cabeza, mientras dice “sí, un momento, amigo”, ganado tiempo. Porque, ¿a que vas a decir sí? ¿verdad? ¿A qué vas a decir que sí? ¿eh? ¿A qué malditos demonios le vas a decir sí, pequeño monstruo amarillo?

La aparición de rápidas columnas de sombra listando el interior del vagón, sumadas al aumento del traqueteo, que se concreta en tres pequeñas sacudidas y sonido de estar pasando por encima de piedras, indica que queda poco para que el tren pare. Mientras repasa letra a letra lo escrito en el papel que frota con los dedos dentro del bolsillo, S piensa en la victoria que la palabra que forman aquellas letras le dará, por fin, cuando llegue a la tienda.

El tren comienza a decelerar, y la grabación vuelve aparecer. Un hombre, alto, lánguido y gris se levanta, demostrando que no está familiarizado con el recorrido. S, sin moverse todavía, y sin saber por qué, comienza a seguir a aquel cuerpo, que le da la espalda. Cubierto por la rigidez de las gafas, observa cómo avanza hacia las puertas. El tren sólo tiene llenos los asientos, por lo que es fácil centrarse en aquel triste. Ve cómo se queda quieto delante de las puertas cerradas. Cómo espera unos segundos y, tras ligeros movimientos de cabeza con los que confirma que nadie se ha movido, salvo un negro enorme, para ocupar el asiento libre, comprende su error de cálculo. No intenta recuperar su sitio. Se queda de pie, mirando el cristal de la puerta de salida.

Esclavo miserable, sentencia S, mientras la imagen de abejas grises con ojos que no tienen nada dentro vuelve, a la vez que el dulce veneno de su victoria cuando llegue a la tienda. ¿Qué crees que intentará, con esa carita tan tersa, redondita y feliz? pues intentará decirme “no entiendo”. ¿No entiendes? No te preocupes, fibroso hijo del demonio, porque te lo traigo traducido. ¿Y ahora qué? como verás, he pensado en todo. Un hombre ciego puede tropezar, pero dime qué hace la piedra frente a un hombre que ve?

Vuelve a sonar la grabación que anuncia la llegada. Esta vez no miente, aunque S sigue sin levantarse. Es un experto en el trayecto y sabe que todavía puede apurar segundos mientras se relame. ¿Qué, vas a seguir sonriendo con esa superioridad que tienes escondida debajo del vasallo, pequeña cabecita del averno? ¿Sabes qué puedes hacer? Ves y pregunta al que tienes al otro lado de la pantalla. A ver si él te puede ayudar. Si quieres me lo pasas, porque me gustaría arrancarle la lengua para ver qué dice y si es tan importante o, como pienso, no hay realmente nadie y sólo lo haces para reírte de mi, todos los días que paso por la tienda y te pido. Reírte, sin dejar de sonreír, miserable. Esta última frase se pierde en el interior de S debido al ruido que genera el tren al decelerar en tres tandas, hasta llegar al andén de la estación. El ruido también está compuesto de todos esos cuerpos que se dirigen, apiñándose en silencio, hacia cada una de las puertas de salida. Puertas dobles, de tijera. Puertas mecánicas que se abren para dejar salir a los esclavos. La asistenta sudamericana está despierta desde la última grabación, aunque S no se ha dado cuenta. Le mira fijamente, con una expresión firme y aburrida desde unos ojos que no parecen tener fondo. Justo un segundo antes que S se levante para salir de allí, la mujer se incorpora, y poniendo la mano izquierda sobre la maleta que S lleva en el regazo, con la derecha le quita las gafas de la cara. S comprueba que la mano sobre sus piernas es terriblemente pesada. Es como una piedra que le hunde contra el plástico del asiento. De repente, S siente ese mismo peso en el corazón. Los racimos de esclavos terminan de salir por las puertas. S siente cómo la masa concentrada de ese peso cae atravesándole el corazón y siguiendo más abajo.

La mujer le mira fijamente, muy tranquila, mientras el tren, en el que sólo han quedado los dos, cierra las puertas. Separado de las gafas sin velocidad pero por sorpresa, S abre descomunalmente los ojos e intenta decir algo. A través de la megafonía, la voz mecanizada señala un destino, indescifrable. Las pantallas, una en cada rincón superior del vagón, siguen emitiendo un zumbido azul. Despierta Sísifo, has fracasado y ahora tienes que volver. Escucha. Pasó tanto tiempo que se nos olvidó lo tuyo. Nos pasó lo mismo con Prometeo y con aquel bastardo de Zeus, el que se volvió loco y mató a su mujer. Todavía dice que fuimos nosotros. Imbécil. Es lo que tiene esto, que en realidad no importa. Nos olvidamos de ti y tú te olvidaste de nosotros. Lo mismo que ha sucedido antes. Y entonces un día dejaste de subir la piedra porque no supiste qué hacías con ella. Nadie te respondió. No sé decirte desde cuándo te habíamos dejado de mirar. El tiempo es algo de lo que tienes que estar pendiente para que exista y la atención, a pesar de todo lo que se pueda decir, nunca ha sido nuestro fuerte. Y entonces echaste a correr, sin dejar de rodar la piedra hasta que llegaste al borde de la Estigia y, atándote algo al cuello que luego ataste a la piedra, la hiciste rodar hasta su interior, algunos suponen que buscando con ello la muerte. No me preguntes cómo y porqué te llevaste la piedra. Sólo sé que, al no poder morir, te sumergiste y caíste en un profundo sueño, hasta que el légamo te cubrió. A mi me da que te quisiste esconder en aquel sueño, sumido en la entraña de la Estigia. Aunque puede que fuese todo fortuito. Yo solo soy el recadero y tú, por lo que he visto, eres un imbécil. Esto es el sueño: todos los días vuelves de un infierno, dentro de otro infierno, para llegar a la pequeña tienda, que es otro infierno, donde cada día crees que podrás pedir algo que aquel demonio no tenga. Pero siempre lo tiene. ¿No es cierto? El chino siempre lo tiene. Aquí dentro estabas, sin moverte del fondo de la laguna, lo que me ha facilitado mucho las cosas. Ni siquiera he tenido que usar mis pies alados.

CABEZA 159 (NEVER ENDING BLA, 2013)

cabeza de ventríloculo: madre mía de mi vida, la fatiga que traigo! Sabes qué te digo? Hoy mejor que el timón lo lleves tú

cabeza de marioneta: ayayayay, yasstaaaamosssss.... eh? No te vale con meterme una mano por el culo hasta la nuca sino quesque encima me dices que hoy conduzca yo.... la vergüenza qué, rey moro, ¿te las dejao en el cabaaaallo?

cabeza de ventrílocuo: no te pongas así. Vamos a ver ¿cuántos años llevamos hablando de esto? Recuerda que si no fuese por mí, estarías hueco... Hue co, recuerdas? ¿qué te cuesta hacer los chistes hoy a ti?

cabeza de marioneta: sssssiempre estás ahí ¿verdad, precioso? bien pendiente con el dedito.....  hurgando con el dedit- to.... venga a chascar la piedra, que no se apague la Palmatoria ¿verdadzzzzzz? pero qué poquito que le cuesta al mesié venir con las Verdades-del-barquero cuando lo que pasa es que el señoriiít- to viene eeee pidiendo alllllll-go...Y

cabeza de ventrílocuo: pero si luego te encanta, condenao.... anda..... ¿sabes qué? Esta noche puedes cantar una de tus canciones si te ves fuerte cuando estemos en el escenario, delante de los idiotas

cabeza de marioneta: ¿cantar?

cabeza de ventrílocuo: sí... cantar... o no habíamos quedado en que era lo que más te gustaba del mundo?

cabeza de marioneta: oh, ssssssí... cantar es lo Único que me hace sentir viiiiiívo... pero...

cabeza de ventrílocuo: ¿pero qué?

cabeza de marioneta: ... tú ya ... ssss lllo sabes

cabeza de ventrílocuo: ¿ya sé qué?

cabeza de marioneta: lo que pasó la última vez que canté. Los idiotas se rieron de mí. Se rieron de mi voz y mi canción, que eran hermoósas y trissstes. Se rieron.... Ellos, mientras alzaban pancartas en las que ponía "el muñeco no sabe cantar"

cabeza de ventrílocuo: y a ti qué más te da  

cabeza de marioneta: ...

cabeza de ventrílocuo: ... bueno. Vamos. Hay que prepararse.

cabeza de marioneta: ... no me hagas cantar, por favor

cabeza de ventrílocuo: ....

cabeza de marioneta: ... por el amor de dios, nnno me hagas cantar

cabeza de ventrílocuo:.....

cabeza de marioneta:.... por favor

cabeza de ventrílocuo: ¿por favor? pero qué cojones porfavor? Que te quede bien claro: no existes. Tú NO EX IS TES. Sólo eres una paja de mi imaginación

cabeza de marioneta: ....

cabeza de ventrílocuo: la virgen, qué mal cuerpo tengo... ¿dónde estan los putos diazepanes? Me cago en todo: putas giras de mierda en cruceros de zombis, siempre acabo igual.... en fin ¿dónde habré dejado la mierda de las llaves del coche?

cabeza de marioneta
: .... no tienes corazón


cabeza de ventrílocuo: no te jode, y tú tampoco.

METACHISTE PARA USUARIOS VIDENTES DEL METRO DE MADRID (MÁQUINA 9, 2012)

Hermanos en el silencio de los gases desprendidos con mayor o menor disimulo, mezclados con colonias y ruiditos de Smartphone, hojas de presa gratuita, libros enormes “de bolsillo”, portátiles que reinician, tablets llenas de polvo o a saber tú qué, hojas deshuesadas de apuntes que siempre acaban cayendo al suelo, legañas y pinceles de ojos en el precipicio de la marcha inconstante del vagón articulado…. Hermanos en fin, que me rodeáis cada mañana en el interior de uno de nuestros grandes y necesarios y útiles y socialmente sostenibles gusanos mecánicos con que atravesamos la entraña de esta ciudad, ciudad, por otro parte, de la que todos nosotros, conciudadanos del subsuelo y el preferible silencio sin pantallas ni parejas – de, con o sin móvil – como digo, hermanos, en fin, que nosotros sabemos que un día todo se vendrá abajo en esta ciudad hueca, porque si bajamos más tramos de escaleras mecánicas puede ser que demos con el paraíso que dicen que hay en el centro hueco de la Tierra. A vosotros yo os digo esto, que no le puedo explicar a mi mujer ni a mi familia porque todos son conductores de esos que tienen el metro metido dentro de un recuerdo que suele parecerse bastante a esos caramelos asquerosos de café que me daban de niño los viejos. A vosotros, hermanos desconocidos de nombre y de historia, pero hermanos dentro del gusano, yo os digo que también me entretengo leyendo estas cosas:

PUBLICIDAD METRO DE MADRID:
“TU NUDO A UN METRO DE TI.”
“TU ODIO A UN METRO DE TI”



MIGAS DE PAN DURO (NI UNA PALABRA MÁS, 2016)

Tuve dos amigos panaderos. Uno hacía pan. El otro lo fabricaba. Yo andaba por ahí, fingiendo. Los dos se quejaban de la mierda de curro que tenían y a veces se empalmaban hablando de cómo lo hacían. Yo movía el tema. Los tres amasábamos sombra en berlinas robadas a los domingueros que llegaban con el calor por la 501 como las moscas. Los panaderos sabían robar y conducir. Yo sabía mover el tema. Recuerdo un día en especial que era lunes como ayer y hacía calor como hoy que acabo de escuchar en el buzón de voz a una desconocida informando que de esta historia ya sólo quedamos uno.

(H)ERA UN ÁRBOL DE HÉCTOR B (TEXTOIMAGEN, 2010)

Este árbol de Héctor B no es un árbol, sino yo pensando en un pavo real. El pavo real en que pienso no es el pavo real en que piensas, sino yo pensando en Hera. Hera no es la diosa griega a la que tanto gustaba estar sentada, sino yo pensando en la Vigilancia de Argos. Argos no es el monstruo de mil ojos del mito, sino los ojos que tiene el pavo real multiplicados en el penacho de plumas que le sale del culo y que me lleva a pensar en este árbol de Héctor B

TE PASA POR MIRAR (DIBUJOS) RAROS (TEXTOIMAGEN 2010)

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Ya me gustaría a mí saber qué es lo que hay debajo de ese Nada. Un brazo y un ojo daba yo por saber lo que hay debajo de esa lapidita con la que, desde hace 17 años, mi mujer me sepulta cada vez que (inocente de mí) se me ocurre preguntarla. Un brazo, un ojo y el corazón de una de esas moscas del vinagre con las que trabaja por las noches en el laboratorio del sótano mientras se piensa que duermo le daba yo por saber lo que hay detrás o debajo de ese Nada (te decía aquel tipo tan delgado que se había acercado a tí a la salida del seminario, mientras los dos mirábais, de lejos, a aquella preciosa mujer dentro de su vestido)

WEBERMAN: LIBERTAD DE ELECCIÓN (NI UNA PALABRA MÁS, 2012)


Cuando intuyó la presencia a los pies de la cama, no se movió. Mantuvo los ojos cerrados y el brazo derecho sobre el cuerpo de su mujer (Sara) a su lado en decúbito supino. Esperó para ver cómo evolucionaba la cosa. Agudizó el oído. La presencia respiraba y provocaba esa sensación que le llega a la piel a través del aire cuando hay alguien cerca. Estaba claro, era alguien. Ni un animal ni un sueño. Alguien. Un intruso. Podía oirle respirar y oler la mezcla de sudor y colonia Máximmo Dutti. La respiración demostraba un ansia tranquila. Un sonido de tela vaquera y el crujir de la madera confirmó sus cálculos. Estaba sentado en el orejero donde él solía escribir canciones mientras miraba por la ventana que daba al prado y un poco más allá, a la linde del bosque de eucaliptos. Entonces, lo tuvo claro: le estaba pasando lo mismo que a Bob Dylan con los secuaces de Weberman en su casa de Nueva York. Un fanátco de sus canciones y poemas había entrado en su casa para salvarle de sí mismo y evitar que se vendiese a la industria, porque él (sin necesidad de tener un sólo disco o libro editado) era el auténtico portavoz de su generación

CIRSA CIRCE (NI UNA PALABRA MÁS, 2015)

Le eché la vida a la Máquina y me ha dado tres Cirsas. No me digas ahora que lo que escupe ya no es de curso legal en esta casa. Tampoco tengo nada con lo que irme. Nunca quise aprender a conducir. Por el peligro que había en ambas direcciones. No me digas ahora que.  En serio. No.

ARTEFACCIONES (IDEAS PARA CAMISETAS)




Producto: 2012, Euskalduna 14, 28021, Madrid: idea para camiseta manga larga/corta unisex. Artefacción sobre autorretrato en fotografía digital con smarphone Xperia del poeta Juan Glez de ese mismo año. Inserté un texto en letra Lucida Bright de W sobre una imagen de la propia captura digitalizada y tratada con los básicos del Paint de W: pasado a filtro negativo, coloreado por fases de brocha en rojo paleta básica, trastocada en nivel +/- filtro de sombra y contraste hasta saturación. Su creación estaba ligada al Proyecto Fake y en concreto al cuento Informe 158, un relato perdido en la red social tumblr que también pueden encontrar en los Cuentos Cinematófagos . Apunte a tener en cuenta. No se han hecho copias físicas en ningún color de la estampa en formato camiseta, pero en su momento fue posavasos/posalonchas  y tuvo gran éxito en negro decorado con restos de dextro-anfetamina (oh, el blanco de cristal!), pues el asunto físico era todo muy negro. También llaman a este retrato Hodor.


ARTEFACCIONES (IDEAS PARA CAMISETAS)


Producto: 2008, Euskalduna 14, 28021, Madrid: idea para camiseta manga larga/corta unisex. Artefacción sobre fotograma de la película Nosferatu de Friedrich Wilhelm Murnau. Inserté un texto en letra Arial del Paint de W sobre una imagen del propio fotograma digitalizado y su creación estaba ligada al híbrido en blog de Ernest A, los ojos sin controlar las manos - el tejido. Apunte a tener en cuenta: en algún momento se hicieron unidades en blano, azul y negro (conlosdeosdeunamano) pero sólo funcionó en negro. Según los últimos estudios realizos sobre el nicho de mercado de mis cojones, también funcionará cualquier gama de rojo, amarillo, en verde militar Kubrick y morado semanasanta. Apropiada para heterónimos en domingos y/o feriados

TARANTELA (NI UNA PALABRA MÁS, 2015)

La atravieso con el sacacorchos. Panzarriba, la tarántula mueve las cinco patas. Hay una mujer y da un grito. Pasan coches. Los tipos del martillo hidráulico siguen con lo suyo. Desde las 8:30.

ARTEFACCIONES (IDEAS PARA CAMISETAS)



Producto: mayo 2016, Euskalduna 14, 28021, Madrid: idea para camiseta blanca de mujer de jilguero o de hiena. Blanca en manga corta o blanca manga larga con las mangas rojas. Artefacción sobre retrato-auto de Egon Schiele, acuarela. He aplicado un texto en letra Berlin del Paint de W sobre una imagen del propio retrato. Apunte a tener en cuenta: aunque es estampado unisex, hombres sólo en parejas homosexuales o así.


KILLING ME SO FLY (TEXTOIMARGEN, 2013)


Mata a la mosca que suena en la imagen extática de la Piedad en el mármol de cualquiera de las Piedades Marmóreas en las que un occidental burgués de los últimos cien años pueda pensar, así, de forma automática. Mata el zumbido de la mosca que es la tercera persona (el yo en tercera persona) que sabes que mira y juzga, sin mancharse, desde el margen de la escena. Mata a la mosca y piensa que si estás escribiendo eso es que esa tercera persona no es, realmente, la tercera persona que, con frialdad, queda impune por ser la que juzga. Mata a la mosca porque si no nunca podrás estar realmente en este mundo que, según dicen por los márgenes, es una auténtica gilipollez.

TRES HOMBRES EN UNA HABITACIÓN (MÁQUINA 6)

Hay tres hombres en una habitación de hotel cuya decoración se acomoda a las necesidades narrativas de la posibilidad de cada lectura. Cada uno de los hombres sabe que está allí para que muera uno de los tres. Uno de ellos sabe que hay uno que siempre miente. Otro sabe que otro es incapaz de mentir. Otro de ellos sabe cuál de los tres tiene que morir. Cada uno sabe que los otros dos no saben lo que él sabe. Y cada uno sabe, a su vez, que cada uno de los otros sabe algo que él no sabe y que no podrá saber jamás. Hablan y hablan, demostrando, cada uno a su modo, gran desenvoltura, igual que tres escorpiones que, encerrados en un terrario, diesen la impresión al observador de esperar que alguno de los otros dos se duerma. El desarrollo de todo esto se acomoda a las necesidades narrativas y a la posibilidad de cada lectura. Uno de los hombres acaba muriendo, y los otros dos miran de frente a cada lectura y abren mucho la boca y los ojos

EL HOMBRE QUE SE HABÍA SENTADO DELANTE DE Mí (EHQ 2013)

El hombre que se había sentado delante de mí en el asiento de copiloto del coche del Araña, no dejaba de parlotear sobre las veces que había visto El Padrino y cómo eso le había ayudado a aguantar en la trena estos 158 días de preventiva. No dejaba de parlotear, mirando y haciendo el tipo de cosas que mosqueaban al Araña, que precisamente se llamaba así por la peli de Scorssese en la que el hijo de puta del enano le pega un tiro en el pie al camaero mientras le dice baila Araña, baila. El hombre no dejaba de parlotear y mirar al Araña y darle en el hombro y salpicarle con la salivada de El Padrino y negarse una y otra vez a que pusiera la música. Tanto movimiento de cabeza, hizo que el pincho con que le ensarté desde la parte de atrás del coche se le metiera de mala forma, así que tuve que meterle dos o tres viajes más. El Araña puso una cara rara, pero siguió conduciendo sin poner música hasta el vertedero y después sacamos la gasolina. El Araña se reía porque el puto bocazas del enano todavía se movía mientras ardía el coche. Le daban como espasmos al muy cabrón

UN ESCRITOR FANTÁSTICO (NI UNA PALABRA MÁS, 2013)

Oye mira, que me dice que el libro trata de un escritor fantástico, un Virgilio Nuevo, que está condenado a escribir en el vaho de los cristales del ventanuco que hay en su buhardilla, un palomar reconvertido en casa a lo alto de un edificio centenario en el casco viejo de una ciudad europea. Dice que está hecho, que cualquiera le vale, pero que le cuesta Dios y ayuda desprenderse de él porque es algo fabuloso (dice) ver cómo evoluciona aquella masa y cómo, cada vez que la mira, de ella sale algún rostro, que le habla. Por ejemplo: si él condena a aquél Virgilio Abuhardillado a observar sin consuelo cómo su último párrafo, porque siempre es el último párrafo, se borra por efecto de la lluvia o del calor; de repente aparece una cara de Juan Bonilla y le dice “amigo ¿quién es el que paga la luz?”. Y él entonces, como respuesta a la cara de Juan Bonilla, obliga a aquel Virgilio Condenado a volver a sacar aliento de su garganta para seguir escribiendo un nuevo último y más grande párrafo, y esta vez hace todo lo posible porque se parezca a mortal y rosa, porque hace mucho tiempo que no le insulta Umbral. Si. Apañao. Dice su mujer que así se ha tirado los 11 meses que lleva. No, no. El que paga la luz es Juan Bonilla. No, Virgilio es un mote que le he puesto yo a su personaje. Que no, que el personaje no sabe nada de las cabezas, que eso me lo ha dicho él. Sí, los lectores sí lo saben. Bueno, pero tú vete para el restaurante que ya llego yo y te lo explico comiendo. No. Ése lo han cerrado. La puta crisis.

EL CÓNSUL ROMANO (MÁQUINA 4)


El cónsul romano cenó frugalmente aquella noche. Apenas medio pez del que ni distinguió la raza, vino aguado y pan ácimo. Aún así, soñó de nuevo con una gran cabeza de expresión triste y comprensiva, hermosa a pesar de las marcas vivas de los castigos que le habían y le eran en el sueño infligidos. Sangre, escoria y baba que no mitigaban su hermosura, por el contrario, la hacían más atractiva, como una miel de verdad para una mosca mundana. Y todo eso, a pesar de llevar enroscado por medio de una extraña zarza, un artilugio de cuero que conectaba a través de huecos conductos como arterias a una precisa máquina de embutir, que a través de unos pliegues que respiraban como las agallas de un animal marino, conectaban a su vez con una productiva máquina de palabrear que era alimentada constantemente a través de un embudo en el que una multitud de cuerpos humanos sin atributos sexuales ni distinciones físicas o gestuales, vertían de una forma extremadamente eficiente y ordenada pero extrañamente ansiosa, un tipo de material que el cónsul romano tampoco esta vez llegó a identificar

CUENTO CINEMATÓFAGO DE ESPEJOS (2010-2013)


Estabas atado a una funcional silla de hierro forjado, muy propia de la Inquisición española que tanto te había apasionado en tus años bárbaros. Sentado y atado a una silla que pesaba un quintal dentro de una habitación completamente acristalada en la que unos tipos iguales a ti estaban atados a la misma silla y luchaban con la misma soga y mordían la misma mordaza, luchando ridícula y desesperadamente, igual que tú. La misma mordaza, el mismo traje gris de la entrevista, igual que tú. Entonces comprendiste y todos dejasteis de apretar la mordaza. Mirabas tan de cerca a los ojos de la mosca que creías que 


NOTA DE SUCESOS PARA AGUSTÍN DE JULIÁN HERRAINZ


Recuerdos de la habitación de pensión del centro de la capital donde encontraron el pendulante cadáver de Bambi, un verano pegajoso como éste. Tenía 57 años. Estaba recién afeitado, y más gordo que en el último recuerdo que teníamos de él, aunque seguía teniendo esa cosa. Por ella, nadie en la escena dijo nada. Nos dedicamos cada uno a lo nuestro. Fue como una especie de duelo. La temperatura era de 37,2 grados Celsius en el momento del atestado. Quedamos a la espera de un segundo análisis.

CHISMORREO SOBRE UNA OBRA MAESTRA (2014)



He escrito un cuento laaaargo que empieza con un escritor que pulsa el delete. El Delete sobre el icono de carpeta de windows en que guarda todas y cada una de las versiones de su Gran Novela. Empieza con ese breve/bobo acto de dejadez mística y luego todo pasa por un estado de degeneración que lleva al protagonista a desdecirse y querer Recuperarlo. 

Por supuesto, todo está repartido en dosis excesivas de diálogo, descripción mental y aforismos sobre usos y costumbres. Justo entonces, la cosa se complica. Tras el segundo /antagónico atisbo místico (fogonazo de pólvora dostoievskiana filtrado por un calcetín de Max Estrella por el que cuela el negro aguachín del texto), resulta que, de la Obra, nada. Ni recuperado sesiones anteriores del pc puede hacerse con ninguna de las versiones que tendría que haber en la nube, en documentos de txt y similares filtradores de la nube. LA NUBE Y NADA. 

Y cuanto más nada, más ubi sunt del prota y una paralela mochuela en la vida fuera de la Búsqueda, donde hay una pequeña judía en un bote de cristal de su hijo que se la han mandado en la escuela y que (oh) tiene que ver cómo crece, se alarga en busca del calor y la Luz. Igual que eso, crece La Necesidad de Recuperar el Texto. Luego el cuento se convierte en una miserable búsqueda de, primero técnicos mediocres, luego hackers de baja media y alta calaña y así hasta llegar a la AAD, que pone al dostoievskiano protoagonista del cuento en contacto con la HDED, organización de fondos reservados, en encarnizada lucha con el grupo de activistas lésbicas Apocalipso Delete. Todo siempre en un ámbito cada vez más profesional, oscuro y ridículo, ciberdostoiesvkianamentre hablando (por supuesto). Y después de todo eso, nada. Todos le acaban diciendo que nada. Que los sacrificios (dinero, traiciones, sexo transaccional, mentiras etc.) han revelado que nada de nada. Naranjas de la china. Rian de rian. No woman no cry. Nay de la nui. Nonai no nonai. En vulgo: que nada. N A D A.

Luego el cuento da un giro flipante hacia el cine del Holliwood que tiene lo peor de los 40 y lo mejor de los 50 y al final todo acaba en un multimillonario circo de Pulgas


FANTASMA Y YO (TEXTOIMARGEN 2012)



¿Era Roschard o Rosebud? ¿Roschard o Rosebud? me espetaba una y otra vez el fantasma, acercando a medio palmo de mi nariz aquellos manchurrones que habían quedado en el paño después de limpiar las caras de Vélmez que pacían en la pared del salón, detrás de la TV, y que tanta compañía nos habían hecho a mi mujer, al fantasma y a mí, desde que llegamos a esta casa en 2005, antes de que hubiese pasado nada



MENTIRAS DE LOS FIRMINS (2010-2014)

Le llaman realismo sucio a contar cómo dos cabezas de familia se comen una caldereta de cuarto de burra para cumplir con la primera parte de una apuesta. Realismo sucio a contar cómo luego vomitan el contenido en el enorme perol vacío puesto sobre la mesa central del bar para intentar llenarlo y cumplir con ello la segunda parte de la apuesta. Por supuesto, son jaleados en todo momento por lobos de dos patas, de diferentes estratos y generaciones sociales de lobos, y ayudados en todo momento por cantidades industriales de tinto soplón y orujo de hierbas. Le llaman realismo sucio a quedarse a esto de conseguirlo, y en medio de la algarada de lobos celebrando entre insultos la derrota, contemplar la solución luminosa. Le llaman realismo sucio a contar que uno de los dos cabezas de familia se sube a la mesa. Coloca sus pies dejando el enorme perol bajo el arco de sus rechonchas piernas. Se baja los pantalones. Se acuclilla. Se alivia mientras sonríe, orgulloso y girando la cabeza para mirar a todos. Los lobos celebran y comienzan a sacar el dinero para pagar. Piden Dyc y me miran.

A eso le llaman realismo sucio. O descarnado. Fíjate.

EL PODER (TEXTOIMARGEN, 2014)



De turismo espiritual en Pontevedra, contemplé un ave mostruosa que cagaba a un hombre. Me hizo una gracia chabacana y pueril, así que le saqué una foto con el móvil, muy contento de mi castellano sentido del humor. Ya en el tren nocturno que entre bebedores de ginebra me devolvía a Madrid, volví a mirar la imagen en la pantallita y entendí que el hombre no era cagado por el enorme pájaro: lo estaba sujetando con el poder de su frente.


PARADA Y FRONDA (LÍO EN RÍO)



            Si es que nacíste el mismo día que Andresín. Naciste el mismo día que Andresín....  Me cago en tu puta madre, luego dicen que si me pongo violento o que si tengo mal vino. Putos viejos trasnochados culigordos. Palmaditas en la espalda a mi. A mí! Me cago en tu puto pelo ensortijado y en tu nariz de boxeador que dice que fue boxeador, aunque nunca he visto yo una foto o un recorte o algo. Bocazas. El mismo día que el tonto del Andresín. Y no des portazo, me dice, el gilipollas. Mira que sabe que por esas no paso, porque es un golpe muy rastrero sacarme lo del Andresín cuando estamos hablando de Miles Davies y Cioran.... Gilipollas. Qué tiene que ver la velocidad con el tocino? A qué viene salirme con esas? A mí! Imbécil de los cojones, quédate en tu puta casa con tu puta mujer - que esa es otra, menuda lora! un tucán es tu mujer, tontolapolla. Que seguro que sólo se lo puedes hacer a perrete, porque con esa napia que tiene, puede sacarte uno de esos ojos de ratón que tienes. Ojos de roedor, o como dirías tú: ojos de pulga pedorra, pequeño mandril. Me cago en tus putos muertos. Y ahora qué hago yo en este pueblo de mierda un miércoles con este enzarpe? Porque eso sí, uñita a uñita, te has ventilado medio speed. Eso sin contar que por cada uñita tuya, yo me he puesto una loncha como dios manda y, traguito a traguito, también el Dyc de 8 años ese que siempre me sacas, en plan especial. Guilipollas. Porque el Dyc es meor que el Four Roses, pequeño mandril.... Cuatro rosas te daba yo a tí y a la lora de tu mujer. Cuatro capullos gordos como cabezas de buque. El puto Andresín. Me cago en dios. Pues sabes qué te digo, que el bar del puto hermano del Andresín está abierto y allí me voy a ir, a ver si le saco algo a la tragaperras. Meo, vomito y me echo unas partidas con el Emilito el Guapo - manda cojones. Andresín y Emilito. El tonto , el guapo y su padre el concejal de cultura desde hace 12 años. La madre que me parió qué vida de mierda.Tengo que salir de aquí, pero antes quemo la casa del gilipollas este. Aunque lo primero es echar esto que llevo en las tripas y ver qué pasa en el Confesionario, que esa es otra: el puto Confesionario! así tenía que llamarse el bar de los dos lumbreras. Me descojono cada vez que pienso en que lo que querían era llamarlo "Concesionario" por lo de los coches del padre, pero como pusieron el cartel ellos, lo escribieron "Confesionario" y así se quedó. Y lo cuentan con orgullo. Tengo que salir de este pueblo o me acabo colgando de un pino frente al puto pantano....

Hay cuatro motos en la puerta. No te jode, si todavía va a estar lleno el Confesionario. No conozco yo las motos esas, serán forasteros. Algún grupito de niñatos, porque son todas unas putas mierdas de 125 nuevecitas. Seguro que son de los pijos que vienen a lucir la moto que les ha regalado papi por suspender sólo dos en el tuto bilingüe. Mierda de pueblo y mierda de gentuza que cruza por él. A ver si por lo menos hay algo a lo que hincar el diente, porque estoy ahora mismo que amartillo clavos de 12 con la polla. Cago en la puta, la mierda de los escalones. A quién cojones se le ocurre poner la entrada de un antro como el Confe en un altillo? No me jodas, casi me rompo el traje y encima ya se me han quedado todos mirando. Me cago en dios, a que les vomito encima. Vaya visión. Suelo de baldosas como un tablejo de ajedrez, con serrin apelmazado y pisadas que posiblemente sean de algún eslabón perdido que estuvo tomando una caña aquí en el albor de los tiempos. Luz verde que recuerda la podredumbre del spleen baudeleriano, aunque puta idea tenga este lugar y esta panda de lo que significa el hada verde. Aquí no hay ni brujas. Por no estar, no está ni el Emilito. Cuatro quinquis que seguro que vienen de o van a pegar un palo a algún chalé y, en el hueco derecho de la barra, con el mastodonte de lucecitas rojas del equipo de música a la espalda (hall 4500),  rechoncho, sonriente y sudoroso, Andresín. Todos los ojos clavados. Qué pasa, que no habéis visto a un tipo  bien vestido sin que sea la puta boda de nadie? Mejor no digas nada. Ni abras la boca. Ya has movido la cabeza, así que dirígete a la izquierda y piérdete por el pequeño y oscuro pasillo que da al baño sin puerta. Guíate por las luces de la tragaperras y de la máquina de tabaco al fondo del pasillo. Ouch! Joder con los taburetitos negros. Me acabo de tronzar la espinilla. Ni pío. Tira para el baño y descarga.

Dios qué gusto de sudor frío. Dios, aunque el nudo todavía está como una bola de pasta en la garganta, por lo menos ya puedes respirar y tragar un poco. Además, el zumbido de los oídos ha desaparecido. Lávate la cara, anda, y colócate el pelo, joder, que pasas de Dylan en el Blood on the Tracks a Iván Campo en una rueda de prensa después de meterse un autogol. Otro. Dios, qué asco de baño. Me río yo del CBGB. Dios qué blanco estás. Échate agua, anda, y sal a pedirte una copa. Coño, con qué mierda me seco?

-       Andresín, qué pasa campeón? Oye, pónme un dyc con cocacola que vengo seco de casa del gilipollas del Eufe. No le he partido la cara porque al final es un artista y nos comprendemos, pero con las ganas me he quedao. Vamos, que por eso me he ido y por eso heme aquí. Por no partirle la cara a él y a la Lora. Me das cambio pa la máquina? Han pasado por aquí el Varillas o su hermano?
-       Hombre, Juan González Alfonso, nacido el 8 de febrero de 1978.... Sabes que yo nací el 8 de febrero de 1978? Pero claro, yo no soy Juan González Alfonso. Yo soy Andresín Pérez de La Serna. Porque si yo fuese Juan González Alfonso, entones ¿quién sería Andresín?
-       Por supuesto, perla. Filosofía pura, máquina. Y del Varillas o de su amigo el Nisia?
-       No, no ha estado por aquí ninguno de la panda del Vari. Ha estado tu padre que te buscaba porque teníais que ir a la viña. Pero claro, eso ha sido esta mañana. O sea, ayer, porque ya es jueves ¿sabes? Cómo pasa el tiempo, eh?te acuerdas cuando nacimos? Yo sí. Yo me acuerdo de todo. Por ejemplo. A que no sabes la alineación del Madrid que eliminó el PSV Eindoven en la Copa de Europa en la temporada 1987-88? Francisco Buyo, Miguel Porland Chendo, Manolo Sanchís, Rafael Gordillo...
-       Qué sí, Andresín, guapo. Pónme la maldita copa, por favor. Y qué le has dicho a mi viejo?
-       Que estabas con el Eufemio preparando las máscaras de soldador para poder fotografiar el eclipse para la performance.
-       Y mi padre que ha dicho?
-       Nada. Ah si! Que estás gilipollas y que te pienses lo de bajarte del guindo ya. Que tienes ya pelos en los güevos. Aunque ahora que lo pienso, no sé si ha dicho un guindo o un quinto- No es que no me acuerde, porque yo me acuerdo de todo. Es que con el portazo no le he oido bien. Y luego, el cristal no me ha dejado escuchar y he tenido que leerle los labios mientras cogía la furgoneta. M 5687 SD. Esa es la matrícula de la furgoneta de tu padre, Luciano González Egido, 1 de abril de 1954
-       Dame el cambio anda. Y apúntame la copa. Tienes algo para limpiarme?
-       Me ha dicho mi hermano que le llames por lo de la cuenta del mes pasado.
-       Muy bien, Andresín, guapo, vamos a ver: ¿cuantas gallinas caben en la nave que tiene tu padre en el Totanar?
-       Vivas o muertas
-       Muertas, por supuesto
-       1654822 si son adultas
-       Y si son bizcas?
-       1654822
-       Eres un fiera, machote, anda, dame cambio. Está la bicha caliente o ya ha pasado por aquí Juanito el chino?
-       No, no. Pero estaban jugando estos caballeros. Llevan por lo menos 7000 pesetas, que en euros son  42,07 euros

Joder qué pinta de alimañas tienen los mochuelos. Entre los cuatro deben pesar lo que un galgo, pero tienen más vicio que la garrota de un viejo. Verás qué bien nos lo vamos a pasar. A estos seguro que les mentas a Camarón y se ponen a llorar y ya tienes el asunto hecho.

-       Y a los caballeros les importa que un gentil servidor pruebe fortuna en la bicha?
-       Hombre, si es así de educadamente, por supuesto que sí
-       .....
-       .....
-       ¿Que sí qué?
-       Que sí que sí
-       Andresín, anda, dame cambio que a los caballeros parece no importales que yo pruebe fortuna en la isla de Cirsa, como un Odiseo nocturno
-       ¿?
-       Cirsa y Circe
-       No las conozco... y creo que mis primos tampoco. Cómo has dicho, compadre? Bimba y Cisne?
-       Jajajajajaajja. Este tío es un máquina, Andresín! Lo que tú digas, compadre! Bimba y Cisne.... chapeau. Ponles unos chuoitos de four roses a los caballeros y ponme otro a mí, que la noche se ha vuelto joven
-       Y tú eres de aquí?
-       Si, claro. A que sí, Andresín? De aquí de toda la vida.
-       Si. Es Juan González Alfonso y nació el mismo día que yo, pero claro, yo soy Andresín Pérez de La Serna, no soy Juan Gonz
-       Joder qué fichaje el compañero, no? No seréis mellizos?
-       Ya te digo, Andresín, que este caballero es un cráneo privilegiado. Un fino sentido del humor, caballero.
-       Y este es tonto o se lo hace? Yo tenía un primo que su abuela estaba sorda sólo pa cuando quería, la muy golfa.
-       Tonto no es, pero transita por el filo. Es un rollo Rain Man, el de la película
-       ....
-       La de Tom Cruise y el tonto
-       Ah sí! El de los palillos. Oye primo, que este es un numer guan de esos de los núneros, Un aurtista de esos, compadre

Bueno, esto se está complicando pero por lo menos he conseguido desviar el colmillo de la rata esta hacia Andresín. Pide múica, ya. Saca el tema, ya. Métetelos en el bolsillo ya o eres especie en peligro de extinción, que estos cuatro son unos delincuentes. Apenas veo el rostro del que me habla entre el humo ambiente y la iluminación del Confe. Sólo le veo bien los dientes. Brillan blancos. No sé por qué, pero desde donde estoy, y a través del juego de espejos que se produce entre la  pared de la barra y las columnas que hacen que el techo de escayola no se nos venga encima con toda su capa de mugre, veo el rostro redondo y la sonrisilla oscura – dentalmente oscura – de Andresín. Sus ojos son pequeños como los de una rata. Brillan en el juego de espejos. A los otros tres primos sólo les distingo como formas al lado de la máquina de dardos. Pide música, coño

-       Andresín, anda, pon un poco de musiquita, que estamos en familia. Ponte la Leyenda del Tiempo y brindemos con estos caballeros por José Monge
-       Ole primo. Mira el paisano, que resulta que es flamenquito, compadres
-       Un poco de afición por parte de madre
-       Pues muy bien, hombre. A ver esos chupitos que invita el autóctono.
-       Prefiero que me llames Juan
-       No te enfades, hombre. Ay el Juanito, que se enfada, compadre.
-       Pues que no se enfade el Juanito
-       Juanito no te enfades
-       Y tú tampoco Andresito ¿a que no queremos que se enfaden ni Juanito ni Andresito?
-       Muy bien, señores, nos tomarnos todos el último chupito que invita la casa y vamos a cerrar
-       O sea, dos chupitos por barba son 40 rosas por la face y luego nos acabamos la copa y nos vamos, verdad? Porque el paisano guapeao también nos ha invitado ¿verdad que sí, compadre?

Andresito llena la encimera negra del la barra con 10 vasos pequeños y no demasiado limpios que va llenando de Four Roses. Mejor que pongamos paz y pies en Polvorosa. Se me ha bajado el speed y el sudor frío ahora es un lagarto que se arrastra por mi espalda y me humedece el pelo. La madre que me partió. Niñatos de mierda. Si los cojo uno por uno los mato, pero los cuatro y el Andresín como parte neur, es mal plan. Ahora, por gilipollas tienes que tomarte dos chupitos y conseguir no vomitar encima de nadie.

-       Todo bien, Juanito?
-       Perfecto, compañero. A la salud del eterno José Monge....
-       Salud
-       Salud
-       Salud
-       Ole
-       Vamos a cerrar ya
-       Oye, y cuantás botellas hay en este bar, Andresito?
-       122 en los estantes. Las cámaras puede que tengan unas 43 cervezas Heinekken, 89 botellines de Mahou, 54 cocacolas
-       Joder qué artista, compadre
-       Yo creo que se lo inventa todo
-       No. No me invento. Yo no olvido nada. Ahora voy a cerrar porque no está mi hermano.
-       Y qué pasa porque no esté tu hermano?

La filosa pregunta de la rata alfa se diluye en tus oidos al arranque del órgano alienígena de La Leyenda del Tiempo. Bien. Poco a poco. Aléjate del foco que alumbra desde abajo de la barra. Aléjate del perímetro de alcance de las afiladas preguntas de la boca brillante de dientes de la rata dominante. Aprovecha que se enganchan al tonto. Aprovecha. Vete a sacar tabaco y aprovecha para vomitar el primer chupito que te está quemando por dentro de la boca. Por dentro de los carrillos. No tragues. Aprovecha y ponte fuera del alcance del foco. El tiempo va sobre el sueño hundido hasta los cabellos. Hundido has ta los cab

-       Oye, te vas a ir sin tomarte el chupito, Juan? Estos caballeros están muy agradecidos de que les invites y seguro que luego les puedes dar una vuelta por el pueblo
-       Bueno.... Mejor no, que yo ya voy como una estera. Y mañana tengo que ir a la viña con mi viejo.
-       No ves como eres un autóctono? Luego te enfadas, guaperas
-       Es verdad, Juanito, eres un rústico
-       Juanito, Juanito
-       Juanito y Andresito

No te des la vuelta. No vayas a pagar. Vete y santas pascuas. No te vuelvas y sal del Cofesionario. Andresín te lo apunta. No te vuel

-       Cobráte los chupitos y ponle unas copas a los primos. No hace falta que me des cambio, que me voy, Andresín.
-       4000 pesetas que en euros son 24,04
-       Ok, cóbrate de este billete de 10000, que en euros son 60,101 .
-       Ole el melenas. Cómo se nota que viene de boda.

Te acodas en la barra al lado de la rata portavoz. Muy desenvuelto aunque sigues sudando lagarto frío. Muy bien. Muy suelto. De tí se van a reir estos cuatro pelaos. Autóctono tu puta madre guapo. Dí lo que quieras, espabilao, que mientras te bebes la copa yo me voy a mi casa, y me parece que os voy a dejar un recuerdo en las motitos.

-       Joder qué raros sois en este pueblo, no? Boda un miércoles?
-       Todavía me debes 4600 pesetas de la cuenta del mes paso que en euros son 27,647
-       Pero si te he dado 10 talegos
-       Claro. Ya he descontado las 10000 que me has dado de lo que debes del mes pasado
-       Joder con el mesieu. Menuda pella tiene el Juanito, eh?
-       Eso es que hay afición
-       Ya te digo, primo
-       Un atleta el amigo Juanito, verdad que sí, Andresito?
-       El caballero Juan González Alfonso es uno de nuestros clientes más queridos desde nuestra inauguración hace 6 meses tres semanas y 5, perdón, ya 6 días. Además es un artista de la fotografía y la literatura con grandes proyectos por consolidar en la capital, donde asiste a clases de Filología Hispánica en la Universidad Católica de Comillas
-       Claro que sí. Un artista el Juanito, eh? Muy querido por el Andresito tal eh? Y estudiando filosofía en don de los curas, vaya numer one
-       Filología. No filosofía. Y bueno, el tema del pago, es que el mes pasado fue duro. Cumpleaños y todo eso. Ya sabes, un homenaje con la family en petit comité
-       Claro, claro. En febrero, no? El 8 de febrero, igual que tu hermano Andresito, claro. Y qué tal? Lo celebraríais juntos, no? Menudo jolgorio, compadrito.

Joder. Tengo que salir de aquí. Tengo que salir de este puto bar y de este puto pueblo de mierda, lleno de gente vulgar que no sabe lo que es el spleen. Yo soy el albatros. El Albatros! Me voy a cargar en todos los ángeles del cielo y en cada uno de los clavos de cristo. En cuanto salga de aquí, me enchufo el speed que queda y me tiro por el puente de la Vía. A ver si con un poco de suerte le caigo a alguno de estos gilipollas mientras pasan camino de la capital con las putas motos robadas. Aunque claro, primero tengo que tomarme el chupito y no vomitarlo. Me cago en mi puta vida.